Reflexionando sobre una experiencia poderosa

Por Samuel Canfield

Han pasado algunos días desde que mi pasantía de seis semanas en Tena, Ecuador con Fundación Aliados terminó. Y desde entonces he estado reflexionando en la mejor de forma de resumir la experiencia para contarla a mi familia, amigos y este blog de pasantes...

Sin embargo me gustaría empezar diciendo que la experiencia de cada uno es diferente y que la única forma de entender realmente mi historia y las historias de los otros pasantes es venir y verlo tú mismo. Pero divago.

Mucho más chévere de lo que hubiera esperado. Divertido y emocionante. Gratificante. Poderoso. Estas son palabras y frases que vienen a mi mente cuando recuerdo mi tiempo en Tena. Como, “del hijue …..!! No puedo creer que esto me sucedió!! He aprendido tanto, tanto, y me hice amigo de gente muy interesante, de todas las edades y de todas las ocupaciones.”

Pero basta de charla, vamos al grano. Al hablar de la pasantía misma, me ofreció una oportunidad fantástica de experimentar de primera mano lo que implica trabajar en una Organización no Gubernamental (ONG) pequeña e internacional como Fundación Aliados. Fui testigo del enfoque holístico y flexible que el equipo de Aliados utiliza por necesidad en muchos de sus proyectos actuales que involucran el desarrollo de negocios y la sostenibilidad. Aprendí sobre los desafíos de la colaboración intercultural durante mis viajes a comunidades indígenas agrícolas, un viaje en bus a las afueras de Tena para entrevistar a nuestros socios, desarrollar y administrar una variedad de proyectos que tenemos con ellos, y luego transmitir la información necesaria entre la oficina y las comunidades indígenas. Además terminé la pasantía con un entendimiento mayor de: el idioma español, el proceso de cultivo, cómo hacer una investigación, los problemas logísticos y financieros que negocios jóvenes basado en la agricultura enfrentan y mi futuro, solo para mencionar algunas cosas. Además, my pasantía fue positiva, raramente aburrida y perfectamente personalizada, manejable, y auto-guiada.

Tal vez soy un romántico empedernido, pero realmente voy a extrañar Tena. Mis seis semanas ahí fueron unas de las más impactantes, orgánicas y agradables de mi vida. Seguro a veces extrañé mi hogar o estuve un poco cansado, sin embargo mi decisión de asumir esta pasantía fue definitivamente uno de mis mejores. Quiero decir, mi semana promedio era algo así: despertar, comer desayuno en el patio con las otras pasantes, tener una reunión con nuestros compañeros de trabajo, seguir trabajando (usualmente afuera en el patio) hasta la hora de almuerzo, tomar mi hora y media de almuerzo con otras pasantes en uno de nuestros restaurantes favoritos y tal vez tropezar con uno o varios de nuestros amigos, trabajar hasta las 16:30 en la oficina y en una de las comunidades indígenas (el día de trabajo siempre pasó demasiado rápido), decir adiós a nuestros compañeros de trabajo, tomar una siesta, correr a la playa del río (a 5 minutos) y nadar, practicar deportes en el parque, preparar la cena o comer fuera con las otras pasantes y uno o dos amigos, y repetir la rutina hasta el fin de semana ( que traía incluso más tiempo de socialización, relajación y emoción.

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