El Inicio de una Experiencia de Vida Única

Por Andrea Mayorga

Trabajar en la amazonia siempre ha sido un sueño mío desde chiquita. Incluye mi fascinación con Sudamérica, y de repente Aliados se transforma en una oportunidad que solo aparece una vez en la vida. Yo no me la podía perder. Es por eso que di el salto a este siguiente capítulo de mi vida y me convertí en un pasante de comunicaciones para Fundación Aliados. Cuando llegué a lo que sería mi hogar para los siguiente dos meses en Tena, Ecuador, me sentí emocionada y nerviosa al mismo tiempo. Aunque hablo español frecuentemente en casa con mis padres, me sentí un poco dudosa de mis habilidades lingüísticas. Pensé, ¿Podré comunicarme efectivamente con el resto del equipo? ¿Si tartamudeo cada palabra, conversarán conmigo las comunidades con las que estarían trabajando?

Resulta que, no tenía razón para preocuparme.

Quebrado o no, mi español fue el menor problema de todos. De hecho, me dieron la bienvenida con brazos abiertos, incluyendo las otras pasantes, que eventualmente se convirtieron en mi grupo de apoyo más fuerte. La orientación se llevó a cabo durante nuestros primeros días en Tena para que pudiéramos entender mejor los proyectos en los que estaríamos trabajando. Esto no solo nos familiarizó entre nosotras, pero también con la ciudad. También fuimos en un paseo a pie bien informativo por la ciudad, que nos enseño donde encontrar comidas locales y en qué actividades podríamos participar durante nuestro tiempo libre. Ecuador se estaba convirtiendo en lo que había imaginado y más.

Durante mi primer semana de trabajo con Aliados, tuve la oportunidad de visitar a la comunidad de Tsawata y participar en una reunión organizacional. Fue bien interesante ver cómo los miembros de la comunidad interactuaron con nosotras, y también tener la oportunidad de oír las opiniones del trabajo que habían completado. También tuve un momento para visitar el vivero que habían construido allí, y aprender sobre los diferentes árboles que están creciendo.

Mi segunda semana consistió en hurgar en el bosque para semillas que podrían ser plantadas en otro vivero. Pase dos noches en Mushullacta, una pequeña comunidad rodeada de una rica y exuberante selva tropical. Mis noches allí fueron una experiencia interesante, considerando las arañas gigantes que encontré y la falta completa de señal celular. Pero, de hecho, fue un tiempo inolvidable.

Ahora voy a empezar mi tercera semana con Aliados, y estoy bien emocionada para ver como esta aventura sigue desarrollándose. Todavía tengo muchas comunidades para visitar, y también mucho que me falta aprender. Ya empecé unos proyectos importantes que debo completar durante mi tiempo en Ecuador, y espero seguir construyendo sobre ellos. Espero que al final de mi práctica, pueda decir que yo tuve un gran impacto en la productividad y eficiencia de la Fundación Aliados.

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