Reflexiones sobre el Misticismo Amazónico

Por Geena Harnisch

Hay algo místico sobre la vida en la amazonía. Así como los ritmos cambiantes del clima, los días son imprevisibles, forzando a los locales a adaptarse a lo inesperado. Es una forma de vida más conectada con el presente. Aquí aprovechan los alegres momentos de sol, y las pausas obligadas cuando cae la lluvia. Todo fluye, aquí la vida es “tranquila” y la gente irradia alegría.


Mucho de mi tiempo en Tena siguió este patrón. Atraída por la biodiversidad y la cultura amazónica, decidí aventurarme a Tena, a pesar de mis limitadas habilidades para hablar español. “Estaré bien”, me dije a mi misma. Eso fue antes de saber que muchas de  mis primeras semanas pasaría casi sin contacto con anglo parlantes. Alguno dirá que me lanzaron al agua sin saber nadar.


Navegar mi ruta por las dos primeras semanas fue una mezcla de emociones y sin lugar a duda, mi tiempo más memorable aquí. Durante este periodo de constante comunicación con gestos y cejas elevadas y confundidas, aprendí mucho. Mi escucha activa y mis habilidades de observación se agudizaron y pase todo mi tiempo en la oficina investigando el mundo de la comunicación y los negocios. Ustedes pensarán que fue una estrategia de supervivencia y probablemente están en lo correcto. Sin embargo también se convirtió en un tiempo de creatividad, productividad y auto reflexión. En este estado de confusión, de alguna forma desarrollé confianza para contribuir al trabajo de Aliados, algo que había dudado antes de llegar aquí.  


La inspiración más grande vino de los viajes de campo a las diferentes comunidades. Siempre estuve fascinada por las culturas indígenas y su sencilla forma de vivir, en armonía con la naturaleza y los demás. Aquí en la amazonía, fue así. De hecho, el colectivismo está tan arraigado en su forma de ser, que se toman el tiempo para saludar y despedir a cada persona en la sala. Lo mismo pasa con la comida, si alguien cocina, es seguro que tienes un plato de comida garantizado. Compartir es algo que se practica sin dudarlo.


Algo por lo que estoy profundamente agradecida fue ser parte de este estilo de vida armónico a través de la Minga, una tradición ancestral kichwa. Una minga es una actividad colectiva increíble, donde la gente de una comunidad contribuye de forma voluntaria con su tiempo, trabajo e incluso recursos para el bien de todos. Esta tradición ha sido usada desde el tiempo de los incas como una forma de alcanzar un objetivo en común. En este caso, Aliados y la comunidad de Tsawata, compartieron el objetivo de construir un vivero comunitario, que sería usado para germinar plantas con el propósito de reforestar. Cuando llegué, inmediatamente noté los roles de género claramente definidos en este proceso. La construcción es para los hombres y la agricultura para las mujeres. Ignorando mi impulso natural para desafiar estas normas, me uní a las mujeres.

Sin embargo, la primera (e inadecuada) percepción de roles de género tradicionales fue desafiada en la comunidad Mushullacta. Ahí, fui sorprendida por la increíble fuerza y versatilidad de las mujeres. Ellas lo hacen todo, desde criar a los niños, enseñarles, cocinar, limpiar y cuidar de sus chacras, con machete en mano y una canasta gigante amarradas a sus frentes. Todo sin una queja. Las mujeres poderosas nacen en la amazonía y es verdaderamente notable ser testigo de ello.

Para concluir, Aliados me regaló un ambiente donde pude aprender a estar cómoda con lo inesperado y desconocido. Características que aseguran mi crecimiento personal y profesional.